De Sevilla (y Betis) al cielo
"- ¡Pásala, tío! ¡Estoy solo! -pedía a gritos Eduardo a su compañero y amigo Pedro.
- ¡Ahí va! -respondió este, dándole un certero pase.
Recogió en veloz carrera la pelota con su pie izquierdo avanzando unos metros hacia la portería contraria. Justo al llegar a la frontal del área grande, y ante la oposición de un aguerrido defensor, logró soltar su derecha como el látigo de un domador de fieras circense; la meta parecía encoger por momentos; el balón salió disparado por los aires haciendo una ligera parábola, todos los jugadores se quedaron mirando su trayectoria. El portero reaccionó unas décimas de segundo tarde, y saltó con todas sus fuerzas estirando su cuerpo y sin pensar en otra cosa que no fuese atajar el endiablo vuelo de aquel objeto esférico que amenazaba con colarse por la misma escuadra.
- ¡Gol! ¡Gol! -gritaron entusiasmados todos los del equipo.
Efectivamente, el guardameta no pudo impedir el tanto, y quedó tendido en la polvorienta tierra, desconsolado.
Los jugadores corrían a abrazarse, formando una piña humana, al tiempo que el árbitro del partido hacía sonar su silbato tres veces indicando el final del choque.
Eduardo y Pedro, Pedro y Eduardo, eran amigos de toda la vida; se felicitaron del triunfo y con los brazos por encima del hombro del otro, se marcharon juntos camino de sus casas para hacer los deberes de matemáticas."
Ambos ya crecieron, y mantienen su amistad de siempre. Están casados, tienen hijos... y se ven de vez en cuando para tomar algo. Uno es bético y el otro sevillista, sin embargo, han ido juntos al fútbol en muchas ocasiones y para ver indistintamente a un equipo o al contrario, y tienen su rivalidad desde luego, pero por encima de la misma, esta su amistad. Y no alcanzan a entender en demasía los enfrentamientos entre hinchas, e incluso directivas. ¡Que ejemplo el de las directivas!
Por la amistad, la educación, el respeto, la deportividad... por el fútbol.











