El felicino: La medida de la felicidad
Se dice que las gentes con más retraso cultural (menor conocimiento de las cosas), suelen ser las que disfrutan de un mayor nivel de eso que llamamos “felicidad”. Y es posible que así sea; cuando crees que lo que tienes es prácticamente todo lo que puedes poseer, no ambicionas otras pertenencias o actividades y, la falta de dicha ambición, favorece la plena aceptación de tu entorno y las circunstancias que rodean tu existencia. ¿Es posible que una familia de una tribu amazónica, sea más feliz que otra europea?
Nosotros estamos a la última en avances técnicos y tenológicos de todo tipo y tenemos magnos recursos para hacer llegar la Cultura a todos nuestros rincones de población. Obligados a mantener un estresante ritmo de vida para lograr, no lo necesario para vivir con dignidad y suficiencia, sino para irnos de vacaciones a ese exótico país que tanto nos gusta, para disfrutar de la última gran producción de nuestro actor preferido en el recién y flamante adquirido cine en casa, o para tener el más completo y guapo móvil multimedia del mercado. Nosotros sí tenemos ambiciones más allá de nuestras necesidades y ¿eso nos hace menos felices?
¿Cómo se puede medir la felicidad? Se miden las distancias, los volúmenes, pesos, densidades, últimamente se miden hasta las mentiras pero, la felicidad… Hay quien la mide por la cantidad de riqueza material, otros por la belleza moral o por la cantidad y calidad de familia y amistades; también están los que piensan que debe existir de todo un poco. El caso es que no hay una unidad de medida para esta materia ¿Tal vez habría que inventarla? ¿Qué os parece “felicino”? Podríamos establecer unos baremos de forma que a diferentes cuantías de “felicinos”, se establecerían diferentes estadios de felicidad, por ejemplo: de 0 a 30 se es infeliz; de 31 a 60 se es moderadamente feliz; de 61 a 90 se es feliz; y desde 91 en adelante, se esta en la gloria. Para medir el “felicino” se instaurarían asimismo, unas normas como podrían ser: tantas unidades por volumen de pertenencias; otras tantas por falta de enfermedades o desgracias familiares sufridas, etc, etc.
¿Quién sabe? Si pudiéramos medir nuestra felicidad, igual seríamos felices simplemente alcanzando la medida de 72 fl (“felicinos”), porque así esta marcado en el baremo. Seguro que mucha gente así lo sentiría, y se estaría haciendo con ello un bien a la sociedad. Hay que tener en cuenta que nos movemos por la publicidad y por influencias externas que nos hacen perder los verdaderos valores de todo lo que nos rodea (Y sólo sobre esto, se podría escribir un libro).
Personalmente, creo la felicidad es un estado de ánimo absolutamente subjetivo e inmedible, y que las personas equilibradas, lo saben; y por ello, disfrutan de cada momento que les brinda la vida, sin necesidad de haber estado a las puertas de la muerte para darse cuenta de la importancia de la existencia. Desgraciadamente, estamos muy lejos aún de que nuestra sociedad y nuestro mundo, avancen en este sentido y logren este equilibrio. Hasta ese lejano y esperado futuro, al igual que los efectos de la Religión para muchos, puede que no fuese mala idea crear el “felicino”.
