Sunday, January 28, 2007

El felicino: La medida de la felicidad

 

   Se dice que las gentes con más retraso cultural (menor conocimiento de las cosas), suelen ser las que disfrutan de un mayor nivel de eso que llamamos “felicidad”. Y es posible que así sea; cuando crees que lo que tienes es prácticamente todo lo que puedes poseer, no ambicionas otras pertenencias o actividades y, la falta de dicha ambición, favorece la plena aceptación de tu entorno y las circunstancias que rodean tu existencia. ¿Es posible que una familia de una tribu amazónica, sea más feliz que otra europea?

   Nosotros estamos a la última en avances técnicos y tenológicos de todo tipo y tenemos magnos recursos para hacer llegar la Cultura a todos nuestros rincones de población. Obligados a mantener un estresante ritmo de vida para lograr, no lo necesario para vivir con dignidad y suficiencia, sino para irnos de vacaciones a ese exótico país que tanto nos gusta, para disfrutar de la última gran producción de nuestro actor preferido en el recién y flamante adquirido cine en casa, o para tener el más completo y guapo móvil multimedia del mercado. Nosotros sí tenemos ambiciones más allá de nuestras necesidades y ¿eso nos hace menos felices?

   ¿Cómo se puede medir la felicidad? Se miden las distancias, los volúmenes, pesos, densidades, últimamente se miden hasta las mentiras pero, la felicidad… Hay quien la mide por la cantidad de riqueza material, otros por la belleza moral o por la cantidad y calidad de familia y amistades; también están los que piensan que debe existir de todo un poco. El caso es que no hay una unidad de medida para esta materia ¿Tal vez habría que inventarla? ¿Qué os parece “felicino”? Podríamos establecer unos baremos de forma que a diferentes cuantías de “felicinos”, se establecerían diferentes estadios de felicidad, por ejemplo: de 0 a 30 se es infeliz; de 31 a 60 se es moderadamente feliz; de 61 a 90 se es feliz; y desde 91 en adelante, se esta en la gloria. Para medir el “felicino” se instaurarían asimismo, unas normas como podrían ser: tantas unidades por volumen de pertenencias; otras tantas por falta de enfermedades o desgracias familiares sufridas, etc, etc.

   ¿Quién sabe? Si pudiéramos medir nuestra felicidad, igual seríamos felices simplemente alcanzando la medida de 72 fl (“felicinos”), porque así esta marcado en el baremo. Seguro que mucha gente así lo sentiría, y se estaría haciendo con ello un bien a la sociedad. Hay que tener en cuenta que nos movemos por la publicidad y por influencias externas que nos hacen perder los verdaderos valores de todo lo que nos rodea (Y sólo sobre esto, se podría escribir un libro).

   Personalmente, creo la felicidad es un estado de ánimo absolutamente subjetivo e inmedible, y que las personas equilibradas, lo saben; y por ello, disfrutan de cada momento que les brinda la vida, sin necesidad de haber estado a las puertas de la muerte para darse cuenta de la importancia de la existencia. Desgraciadamente, estamos muy lejos aún de que nuestra sociedad y nuestro mundo, avancen en este sentido y logren este equilibrio. Hasta ese lejano y esperado futuro, al igual que los efectos de la Religión para muchos, puede que no fuese mala idea crear el “felicino”.

 

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Wednesday, January 24, 2007

Cargar con el muerto

 

   “- ¡Una jarra de vino por aquí, posadero! -gritó el rudo recaudador del pueblo, consiguiendo alzar su bronca voz por encima del ensordecedor murmullo de la muchedumbre que abarrotaba cada rincón de la humilde posada-. ¡Y rápido que ya es tarde!

   No tardó en ser servido. “Invita la casa, caballero” dijo el propietario del local, intentando agradar a su huésped en aras de evitar pagar más impuestos de los ya soportados.

   - ¡Gracias, posadero! Por cierto, ¿ha pagado usted el impuesto de este mes?

   - Sí, señor. Vino vuesa merced la semana pasada; tengo recibo que amablemente me dejó en prenda -respondió temeroso el posadero.

   - ¡Ah! ¡Esta bien! ¡Márchese! ¡Volveré, Dios mediante, en tres semanas! -apuntilló el recaudador y, alzando su pesada jarra de barro cocido, volcó el contenido en su maloliente boca con brusquedad, derramando en gran parte el preciado líquido carmesí por sus mejillas a medio afeitar. Seguidamente, se levantó y se marchó de allí echándose su pesado saco recaudatorio a la espalda.

   Un par de hombres con descuidadas vestimentas, se le quedaron mirando.

   - Ese hombre es un recaudador de impuestos -murmuró intrigante uno de ellos a su acompañante-. ¿Piensas lo mismo que yo?

   - Estoy contigo.

   Ambos salieron sin demora, tras los pasos del confiado recaudador, que emprendió la marcha en su angosto carro de madera tirado por un viejo percherón. Había caído la noche y las calles estaban desiertas. Ambos individuos lograron subir a la trasera del carro sin ser vistos y justo a las afueras del pueblo, lo abordaron por la espalda hiriéndole de muerte en el cuello con una navaja; lo tiraron al camino sin piedad ni miramientos y se hicieron con las riendas obligando al sufrido animal a acelerar su marcha, desapareciendo de la escena con rapidez.

   Días más tarde, un pastor encontró el cadáver del pobre hombre y denunció el hecho a un amigo suyo de la Casa Consistorial. Este a su vez habló con el Alcalde.

  - Mi señor -dijo entrando en su despacho-. Han encontrado a un hombre muerto en nuestro pueblo, hacia el sur. Todavía esta allí. ¿Avisamos a la guardia para proceder a su sepelio?

   - ¡No! -exclamó el Alcalde levantándose con ímpetu de su asiento-. No podemos darle cristiana sepultura en nuestro pueblo, sin saber quién ha sido el vil criminal y sin estar apresado. Existe una grave multa para el pueblo que así lo hiciere. Debemos recogerle, esconderle hasta el anochecer y trasladarlo a nuestro pueblo vecino, así ellos cargarán con el agravio; que nuestras arcas no están para gastos mayores.

   Y en este modo se hizo. A altas horas de la noche, responsables municipales cargaron con el muerto y lo trasladaron a tierras fuera de sus dominios, dejándolo discretamente en terreno ajeno y saliendo por patas antes de que nadie pudiera verlos.”

 

   En tiempos medievales, cuando en la jurisdicción de una localidad era hallado el cuerpo de una persona fallecida con indicios de haber sido asesinado, si no era posible determinar la identidad del homicida, el pueblo donde había sido descubierto el cadáver, estaba obligado a pagar una multa llamada homicidium u omecillo.

   Por ello, y con el fin de eludir dicha sanción, los habitantes del pueblo en cuestión, se apresuraban de común acuerdo a levantar el cuerpo y trasladarlo a otra localidad cercana, de manera que la responsabilidad del crimen recayera sobre esta.

   Con el tiempo, el dicho “cargar con el muerto” comenzó a aplicarse -en sentido figurado- con la pretensión de descargar sobre otro la culpa propia.

 

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Sunday, January 21, 2007

Pon ¿deporte? en tu vida

 

   “…la derrota del Madrid, ha supuesto una nueva crisis. El entrenador esta siendo discutido y el Presidente afirma que nadie cuestiona al “mister”; pero lo cierto es que ya surgen nuevos nombres para sustituir...” decía el presentador de ¿deportes? del telediario del mediodía. Y es con diferencia el bloque más visto de los informativos de cualquier cadena de radio, televisión o prensa. “…un entrenamiento que tuvo como protagonistas a Pérez y a Miguel, quienes en un lance del partidillo, tuvieron un encontronazo que por poco no acaba en pelea con…” comentaba otro presentador al día siguiente. Y al posterior, en otro sitio escuchabas: “…llovió durante unos minutos y los jugadores tuvieron que ir al vestuario mientras descampaba; luego continuaron con el entrenamiento y los jugadores bromearon sobre algún chiste que contó la estrella Ramírez y...”. Y seguimos escuchando “…debido a su resfriado, González se quedó en la banda sin entrenar; vemos como gastó hasta cuatro pañuelos de papel en tan sólo un minuto y…”.

   Pero no son hechos aislados, son diarios y repetitivos hasta la saciedad, y lo más grave: estas son las únicas noticias deportivas que se transmiten, cuando tú, ingenuo de ti, esperabas el resultado de la Selección Española de Waterpolo en el mundial de Nápoles o ver la entrega de la medalla de oro como Campeón de Europa a nuestro mejor karateca. Y es que ya ni siquiera se habla de fútbol, incluso ni del Madrid y ni del Barca; se habla de los pañuelitos que gastó Mengano.

   Las ruedas de prensa de los jugadores me recuerdan al programa que había antes en la tele donde salían niños describiendo cosas (los profesionales de la prensa, tampoco se salvan):

   - Tras la derrota de hoy, estaréis disgustados -pregunta un avispado “periodista” (o al menos eso dice la acreditación que cuelga de su cuello)

    - Sí, bueno, esta claro que sí ¿no? -responde convencidísimo el deportista de élite, intentando dejarse ver entre las botellas de agua, la maraña de enormes micrófonos, la Mahou y la Coca Cola.

   - Eres el “pichichi” de la Liga y hoy has marcado otro gol, ¿estás contento? -insistía de nuevo el sagaz “profesional de la prensa”, dando una vuelta de tuerca más a sus preguntas para intentar coger en un renuncio al futbolista.

   - Pues sí, ¿no? Pero bueno, esta claro que lo importante es el equipo ¿no? -contestó la emergente estrella saliendo airosa del interrogatorio.

   Después, cambias de canal por si puedes ver algo sobre noticias reales de deportes, ¿y qué te encuentras? Sí, efectivamente, la misma rueda de prensa, con los mismos protagonistas pero, eso sí, tomadas las imágenes desde el otro rincón de la sala. Quieras que no, algo cambia esto las cosas.

   A mí me gusta el fútbol más que cualquier otro deporte pero, debo reconocer que cada vez veo menos noticias deportivas, porque han dejado de tener interés informativo para convertirse en un malhadado culebrón sin fin.

 

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Friday, January 19, 2007

Ir a la moda

 

“  - Pues yo no sé qué ponerme, Laura -comentaba Alicia por teléfono a su amiga y sufridora de aventuras y desventuras urbanas-. Desde que me invitaron a la boda, estoy dándole vueltas a la cabeza y al armario y nada.

   - No te desesperes. Yo me he comprado un vestido azul cobalto precioso, con zapatos y bolso a juego. ¿No has visto las revistas? El azul cobalto es lo que se lleva esta temporada; los escaparates no tienen otra cosa, así que no te compliques, guapa. Yo tenía algo de este color pero, lo tiré hace un par de años porque no se llevaba para nada, fíjate que bien me hubiera venido ahora.

   - Es verdad: el azul y el negro es lo que se lleva. Yo también lo he visto. En la última entrega de los Oscars llevaba un modelo así la actriz Margot Reed, ¿te acuerdas?

   Pasaron ambas casi una hora al teléfono hablando del tema y de otras cosas más. La boda era de una compañera del trabajo y estaba al caer. Y lo que dialogaban no estaba exento de verdad. Paseabas por las calles y todo estaba inundado de azul cobalto y negro: vestidos, zapatos, bolsos, bisutería… hasta los anuncios de la publicidad estática mostraban sus consejos envueltos en esos colores (esa publicidad que exponen en los innumerables grandes postes que están por todas partes y que ¿están prohibidos?).

   El día de la boda, los invitados fueron llegando al lugar del enlace.

   - Mira, mira esa señora -murmuraba Alicia a su amiga intentado disimular mientras señalaba con la mirada-. Esta vestida de azul cobalto, como nosotras. Qué desastre.

   - Mira allí -susurraba ahora Laura indicando con su codo en otra dirección-. Otra de azul cobalto, y además, el vestido que lleva es igual que el mío. Qué horror. Escondámonos, venga.

   Al tiempo que intentaban camuflarse entre las figuras de santos que había dentro de la iglesia, se les acercó una mujer envuelta con finas telas azul cobalto con el ánimo de saludarlas.

   - ¡Hola, chicas! Qué guapas estáis. No os he visto antes, ¿Qué tal?

   - ¡Ah! Hola -dijo Alicia mirando con complicidad a Laura-. Pues estábamos fuera hace un segundo; como hay tanta gente, pues claro.

   - Sí, es verdad -apostilló Laura con una sonrisa forzada-. Tú también estás muy guapa con ese vestido ¿azul verdoso?

   - No. Es azul cobalto, el color que se lleva. ¿Vuestro tono no es cobalto?

   “Horror, temor y pavor” pensaban ambas. “Esta fingiendo no saber de qué color es nuestro vestido para no admitir que va igual y salir del paso”.

   La verdad es que la boda parecía una reunión de alumnos uniformados de un colegio privado; sólo la novia destacaba por algo más que su obvio protagonismo: ¡Vestía de un color distinto a las demás!”

   Los hombres lo tenemos más fácil que las mujeres, hay que reconocerlo, seguramente por nuestra naturaleza despreocupada por los detalles. Todos vamos con traje oscuro y corbata y nadie se extraña, ni siquiera somos capaces de darnos cuenta de si otro lleva el mismo traje (tampoco nos importa); no obstante, ellas compran revistas, se preocupan de estar guapas, les interesa más las vidas de terceros y cómo visten y viven. Y no pretendo criticar eso, todo lo contrario pero, en muchas ocasiones, los hombres por darnos igual y las mujeres por tener exceso de celo, caemos constantemente en la globalidad impersonal de nuestros tiempos.

   Creo que deberíamos ser un poco más críticos con las modas, y no caer en el consumismo (que es la única finalidad perseguida). Es curioso y contradictorio pensar que la gente vaya a la moda por querer estar a la última, por destacar, por demostrar que se es moderna y con buen gusto y, sin embargo, estar cayendo al mismo tiempo en la trampa de “la compra”, dejando de lado la propia personalidad y terminando por no destacar en absoluto.

   Al contrario de lo que decía Bruce Lee, que tan de “moda” se ha puesto, yo te digo que no seas agua para adaptarte al botijo, es mejor ser el botijo.

   Sé tú mismo, amigo; el agua mejor te la bebes bien fresquita.

 

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Thursday, January 18, 2007

Refranero para todo

 

“  - Sí, mañana tengo examen del teórico otra vez -decía Juan a su mejor amigo Fidel, sentados en un deteriorado banco de metal oxidado, en el parque del barrio-. Ya suspendí las otras dos, así que espero que a la tercera sea la vencida.

   - A ver si es verdad, y apruebas macho -comentó Fidel intentando dar ánimos pero, con un tonillo burlón-, porque eres el único que sigue con el tema después de dos intentos. De todas formas, ten cuidado; también se suele decir que no hay dos sin tres.

   - Ya, pero esta vez le estoy dedicando mucho tiempo y me encuentro mejor preparado;  por si no lo sabías, a quién madruga Dios le ayuda.

   - Venga hombre, no me vengas con tonterías -respondió Fidel lleno de ironía alzando ambos brazos como si fuese a dar una Misa-. Te recuerdo, muy a mi pesar, que no por mucho madrugar, amanece más temprano. Lo que tenga que ser, será, tío.

   - Bueno, pero ¿qué clase de amigo eres? -preguntó Juan sonriente mientras, con ambas manos, cogía del cuello a su amigo y lo zamarreaba “amigablemente”-. Te voy a dar para el pelo, mal amigo, aguafiestas…

   - ¡Ahg! “Suélgtame” Perro ladrador, poco mordedor, ja, ja, ja…”

 

   Y es que tenemos de todo y para todos los gustos: refranes y dichos pesimistas, optimistas, conformistas… Según nos interese, podemos usar el que más nos convenga, y nos quedamos tan panchos. La mayoría de los refranes, encierran el saber popular de todos los tiempos y dichos, innegablemente acertados y con una enseñanza o moraleja detrás. Sin embargo, para una misma situación, existen refranes totalmente antónimos, entonces, ¿para qué sirven? ¿Es un invento de la Psiquiatría prehistórica para ayudarnos a superar nuestros problemas? ¿Los más listos se lo inventaban para parecer aún más listos o conseguir favores? ¿O simplemente es que somos así de tontos?

   Aquí os facilito un pequeño estudio sobre los Orígenes de los Refranes (es interesante).

   Para otro día, escenificaré algún refrán o dicho, para explicar o dar a conocer su origen ¿vale?

 

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Sunday, January 14, 2007

Tres más yo

 

   Mírame, soy un hombre feliz,

como un árbol cuyas ramas crecen imparables,

alzándose hacia el sol que les da la vida,

entrelazadas e inseparables.

 

   Camino por una senda de amor,

el milagro de la vida recorre mis venas,

ramas inundadas de hojas en flor,

y un secreto a voces deseando revelar.

 

   Y es que no soy uno ni soy dos,

soy tres más yo.

 

   Caminante de altos vuelos,

que camina entre la tierra y el cielo,

que se extiende sin desvelos,

como la luz que invade una desolada habitación.

 

   Siento que el mundo me sonríe,

y que la existencia se hace eterna,

que no hay noche que no duerma,

ni día que olvide gozar.

 

   Y es que no soy uno ni soy dos,

soy tres más yo.

 

   Como equipo que juega unido,

como los versos que componen un poema,

como los recuerdos recuerdan lo vivido,

y como palabras formando un lema.

 

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Tuesday, January 9, 2007

El premio literario

 

“  - Llevo más de 10 años escribiendo y jamás he conseguido ningún premio, a pesar de haberme presentado en varios concursos de diversa importancia -comentaba Raúl a su buen amigo Miguel, sentados alrededor de una pequeña mesa redonda de madera oscura, en un rincón de la cafetería de siempre.

   - Ya -respondía Miguel claramente resignado mientras tomaba un sorbo de café bien caliente, como a él le gustaba-. ¿Hasta cuándo vas a estar con la misma canción? Te vuelvo a recordar que eres un escritor de comedias y aventuras de Ciencia Ficción, sobre todo de comedias, y ese género no se premia; tú mismo lo reconoces cada dos por tres.

   - Es cierto pero, es lo que me gusta escribir; tengo sentido del humor, soy optimista y me encanta la fantasía, muy por encima de cualquier otro tema. No desearía tener que hacer una novela triste y gris para lograr ser reconocido.

   - No tienes porque hacerlo -afirmó Miguel dándole la razón-. Sin embargo, es muy conveniente tener un éxito sonado para que te conozcan. Es publicidad gratuita y la gente compraría después cualquier libro que tengas en el mercado. Basta tener un nombre. Es una pena pero, si no sales en televisión una vez o en prensa o en radio muchas veces, seguirás siendo un autor desconocido a expensas de que un productor te lea por casualidad y suene la flauta.

   - O que logre editar cientos de libros y me conozcan por pesado, ja, ja… -exclamó Raúl muy sonriente y cargado de ironía.

   - Entonces… ¿qué? -pregunto Miguel-. ¿Harás una obra barriobajera, de drogas, incesto o de un desamor clasista con final trágico sin originalidad? ¿O seguirás siendo un magnífico escritor sin  premios y con dificultades para llegar a final de mes?

   - Me lo pones difícil -dijo Raúl-. No. Es tentador escribir tragedias y lamentables historias cotidianas o invenciones sin credibilidad para que te den un galardón pero no, seré fiel a mi estilo. Tal vez algún día, alguien se a capaz de alzar la voz para reconocer una buena literatura, independientemente del género. Ojalá, Miguel.

   - Sí, ojalá.”

 

   La verdad, es que pasa casi con cualquier disciplina profesional. Todos sabemos de ejemplos claros: en los Oscar de Hollywood a la mejor película, ¿Cuántas comedias han conseguido la estatuilla? Y los premios literarios no son una excepción. ¿Cuántas comedias han ganado alguno de los principales Premios de este país? ¿Porqué una comedia no puede ser una gran obra literaria? ¿Acaso un Jurado cree que lo serio es más culto? ¿Acaso una pintura negra barata, es mejor pintura que un amarillo fuerte de una primera marca, sólo por ser negra?

   Salvo que más de uno y de dos, abran sus mentes y se desprendan de sus corsés, ¿habrá que seguir siendo triste y gris?

 

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Sunday, January 7, 2007

Añoranzas

 

“  Son ya cerca de las ocho de una nueva y fresca mañana de otoño, y el pequeño Juan se esta acabando su desayuno.

   - ¡Venga! ¡Ve terminando que es la hora de irse! -exclamó su madre Sofía atareada con los avíos de salir a la calle.

   - ¡Sí, Mamá! -respondió el pequeño Juan levantándose de su silla con el cacao a medio terminar y colgándose a la espalda su pesada mochila del cole.

   No era más que un crío; con sus ocho años apenas empezaba a vivir y sus experiencias más audaces giraban en torno a los compañeros de clase. Sus andanzas en los recreos eran épicas: sota, caballo y Rey, al cielo voy; las canicas; las estampitas; el escondite… y lo más excitante, las prendas. En ocasiones, en una de las paredes desconchadas del patio, donde quedaban a la vista los ladrillos y sus llagas, Juan, empleaba su precioso tiempo en raspar sin descanso un trozo de azulejo, hasta conseguir la forma de un corazón que, con un valor desmesurado, se atrevía a entregar a su amada de la fila segunda de su clase.

   - Esto… ¿Qué has hecho hoy? -preguntaba Juan con sus manos escondidas disimuladamente tras de sí, a Lidia, la chica de la segunda fila-. No te he visto afuera.

   - Me he quedado en clase con las amigas -dijo Lidia mostrando cierta indiferencia-. ¿Porqué lo preguntas?

   - Bueno… es que… He hecho esto para ti -le mostró el corazón de azulejo sobre la palma de su mano extendida.

   Ella lo cogió casi por instinto, besó en la mejilla al sorprendido Juan y desapareció de repente como un fogonazo. Él sólo volvió a cruzar algunas palabras con Lidia un par de veces en todo el curso pero, de alguna manera, aquellas pequeñas escaramuzas habían significado un noviazgo en toda regla que no olvidaría jamás.

   Los años fueron pasando y Juan se desplazaba solo al colegio, dejó de acompañarlo su madre; a veces iba con algunos amigos del barrio pasando por la calle de la tienda de revistas donde compraba sus cómics de superhéroes.

   - ¡Eh, Juan! ¡Vámonos de una vez o no llegamos!

   - ¡Adelantaos vosotros! ¡Voy a ver si ha llegado el número nuevo! - dijo entrando en la tienda ilusionado.

   Vio el último ejemplar de su colección y lo compró de inmediato (Ese día se quedó sin merienda para el recreo). Era imposible que alguien pudiese arrebatárselo. Ensimismado, empezó a ojearlo y sin poder contenerse más, decidió andar hasta las antiguas murallas. Allí, sentado sobre el frío y polvoriento albero y apoyado en una no menos fría roca del muro, comenzó a leer las apasionantes aventuras de su héroe favorito bajo un sol luminoso y agradable que invitaba al sosiego y a la contemplación del paisaje. Perdía por completo la noción del tiempo, le ocurrió en más de una ocasión y, pasada la hora de entrar al cole, se dedicaba a callejear y después, a casa, la comida, su programa de la tele y a la calle de nuevo para jugar con los amigos a hacer de Bruce Lee entre los olivos, varios bloques hacia el sur.”

 

   Aquél niño es ya un hombre felizmente casado y con responsabilidades más allá de no llegar tarde a casa, completar la colección de cromos o tener lo deberes hechos. Sin embargo, sigue disfrutando de aquellas vivencias, del recuerdo de lo pasado, de los olores a papel tintado de sus cómics, de la vieja pared desconchada, de la vieja muralla… Y le gusta pasear por aquellas angostas calles y aunque la tienda de revistas sea ahora un local abandonado, parece seguir allí el simpático tendero con su radio a todo volumen escuchando el Carrusel Deportivo.

   Los recuerdos son parte de nuestra vida, toda nuestra vida pasada, y es hermoso recordarla para sentirse bien y para seguir aprendiendo, sin dejar de vivir el presente y mirando siempre hacia el futuro.

   Si no olvidamos nuestras raíces y somos capaces de disfrutar de ellas, más alta, fuerte y frondosa será la copa de nuestro árbol.

 

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Thursday, January 4, 2007

¡Un día mágico!

 

 ” - ¡Papá, Papá! ¡Esta tarde me ha llevado Mamá al Centro Comercial y le he dado la carta al cartero!

   -  Claro hijo, no le vas a dar una carta al fontanero -replicó el padre a su hijo Andrés cerrando la puerta del piso tras de sí-. ¡Hola, cariño! ¡Ya he llegado!

   - Pero que bruto eres Fernando -dijo María, su esposa, saliendo de la cocina secándose las manos con un paño y luciendo un simpático delantal rosa-. ¿A quién le va a dar tu hijo “la carta”? A ver.

   - ¡Oh! Vaya, no había caído; es que estoy tonto.

   Cogió a Andresito en brazos alzándolo primero casi hasta el techo y le dio un beso en su sonrojada mejilla. “Claro que sí. La suerte esta echada ¿verdad?” dijo sonriente.

   La carta a la que se referían, era la dirigida, nada más y nada menos, que al lejano oriente. Efectivamente, la famosa e imprescindible carta a los Reyes Magos. Una carta que primero escriben los padres con todo su amor, aún sin que los hijos sepan leer, y que después son los propios peques los que la completan de una forma mística, ingeniosa, a veces tímida pero, en todos los casos, cargada de ilusión, fantasía y MAGIA; si MAGIA con mayúsculas.

Pasaron los días y llegó el ansiado momento para todos los niños: el día de la Cabalgata.

   - ¡Ya vienen! ¡Ya vienen! -gritaba entusiasmado Andresito a hombros de su fatigado padre.

   - ¡Si, ya se ven al fondo, hijo! Mira las luces. Que bonito, ¿eh?

   Y fueron pasando delante de ellos todas las carrozas y la gente del desfile con sus llamativos vestidos de colores. El griterío era ensordecedor, se olía la felicidad; sólo había que mirar a los ojos de los miles de niños que abarrotaban con sus familias las calles para entender que no era un día cualquiera. Por unas horas te olvidas de los problemas, de las guerras en el mundo, de tu insufrible jefe, de la hipoteca, del precio de los tomates, del caramelazo en el ojo… Y gozas embebido en el ambiente y peleándote entre niños y mayores por coger más y más caramelos que nunca te vas a comer pero, cuánto más llena este la bolsa, mejor.

   Y por la noche ya en casa… Andresito no sabía dónde meterse. Con el pijama puesto no para de dar vueltas por el piso; se acuesta, se vuelve a levantar. El padre prepara la copa de anís para los Reyes y se le pasa por la cabeza darle al niño una pastilla para dormir pero, al final, siempre al final, el niño por fin se duerme. Descanso.

   Por la mañana, el momento del despertar, Andresito ve que la copa de anís esta vacía. Éxtasis. Los nervios son incontenibles; las emociones no te dejan pensar.

   - ¡Papá! ¡Mamá! ¡Han venido los Reyes Magos! ¡Han venido! ¡Se han bebido el anís!

   - ¡Vaya! ¡No puedo creerlo! ¿Por dónde han entrado? -preguntaba la madre mientras se levantaba medio dormida.

   Y Andresito entra en el salón con los ojos como platos y empieza a balbucear frases entrecortadas, al tiempo que los padres, cogidos de la cintura y todavía en pijama, a su espalda, se dan un ligero y discreto beso en los labios.

   Simplemente, MAGIA.”

 

   Porque nunca perdamos al niño que llevamos dentro. Felices Reyes. 

 

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Monday, January 1, 2007

Sueños truncados

 

  “- Cuando termine los estudios, me voy a dedicar a escribir -dijo Javier a su inseparable amigo Carlos.

  - Yo buscaré trabajo en la hostelería; me gustan los hoteles, los viajes, conocer idiomas…

  - Eso esta bien -afirmó Javier asintiendo con aprobación-.  Si todo nos va bien, podría hospedarme donde tú trabajases para poder escribir con tranquilidad, y así, seguiríamos estando juntos.

  Ambos esbozaron una amplia sonrisa mientras alzaban un brazo sobre el hombro del compañero y se marchaban rumbo a casa.

  Los estudios terminaron y cada uno comenzó una nueva vida. Estuvieron sin verse durante largos años, ni siquiera se llamaron por teléfono; perdieron el contacto por completo hasta que un día, y por casualidad…

  - ¡Ey! ¿Carlos?

  - ¡Hombre, Javier! ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo estás?

  - Vamos tirando. Intento contener la barriga, tío. ¿Y tú, cómo andas?

  - Bueno, me casé y tengo 2 chavales de 4 y 6 años.

  - Yo también me casé -dijo Javier-, aunque aún estoy buscando. Por cierto, ¿eres dueño ya de algún hotel?

  - Pues no -respondió Carlos con cierta resignación-. Ya sabes, la novia, las prisas… y terminas por trabajar de cualquier cosa para ganar algo de dinero seguro y tener lo mismo que tienen todos. Hace tiempo que renuncié a mis sueños pero, mira, no me quedé muy lejos: soy camarero, ja, ja, ja… Y tú, ¿eres escritor como querías?

  - Pues no -contestó de igual modo Javier-. Trabajo de comercial en una empresa de componentes eléctricos pero, lo intenté ¿sabes? Llegué a terminar 2 libros y al tiempo que hacia el segundo, presenté el primero en un montón de editoriales y… todos me iban a contestar pero, aquí estoy, vendiendo enchufes, cuando yo nunca los he tenido. Irónico ¿no? Y después la novia, las prisas…

  - ¡Vamos a tomar una cerveza, ¿vale?!”

 

  Y digo yo: ¿Hay que tener enchufes para triunfar en la vida o somos unos conformistas en el fondo y dejamos de luchar al primer obstáculo?

  Si tienes enchufes, te facilitan mucho el camino, desde luego pero, si no es así, tampoco es imposible alcanzar tus metas. A veces, todo depende de que se alineen los astros en el momento justo, sin embargo y lo más importante, tú, eres la pieza fundamental del puzzle y de tí depende tu éxito.

 

  PD.: ¿Alguien conoce a algún editor?

 

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