La mentira de los anglicismos
“ Esa reunión de socios era muy importante, se decidía, nada más y nada menos, que la denominación de la empresa.
- El nombre debe tener fuerza, mucha fuerza -dijo Raúl, el de mayor edad de los presentes.
- Sí, pero demás, debe ser demostrativo de nuestra actividad -comentó el canoso y cuarentón Javier desde un extremo de la ovalada mesa de reuniones donde departían.- El cliente debe saber a qué se dedica la empresa, con sólo leer su nombre.
- ¡Yo me inclino por “Direct Cake”! -exclamó el impetuoso David, el más joven del clan-. Es corto, tiene fuerza y da la impresión de gran empresa que…
- Pero David -interrumpió Raúl-, ¿porqué utilizar un nombre en inglés? ¿Acaso nuestro idioma no tiene palabras para definirnos? Nosotros tenemos nociones de ese idioma, pero habría mucha gente que no lo entendería.
- Eso no importa -respondió muy seguro-. La gente identifica un nombre con un producto y no hace falta que sepan lo que quiere decir. Mira empresas de éxito como “Beep” que vende ordenadores, o “Pull and Bear” de ropa…, y son empresas españolas, pero el nombre les da caché. Todo lo que sea en inglés gusta a la gente y hace negocio. Incluso en la vida cotidiana, no dejamos de usar palabras foráneas como nuestras: footing; zapping; manager…
Finalmente, se procedió a una votación entre varias opciones, y se inclinaron por el “Direct Cake”. Meses después abrieron la primera tienda y continuaron con su expansión por todo el territorio nacional.”
Estos empresarios llevaron a cabo su idea, y lograron abrir decenas de pastelerías con servicio a domicilio. ¿Acaso no hubieran triunfado de la misma forma con un nombre español? Yo creo que también, y puede que incluso les hubiese ido aún mejor (No lo podemos saber a estas alturas ¿verdad?).
En todo caso, no puedo estar en contra de las positivas influencias exteriores en nuestro rico lenguaje para su mayor gloria pero, si estoy en contra del abuso, sobre todo, de palabras inglesas, porque para mí es como hincar la rodilla ante el vencedor. Nuestro Español ha perdido la batalla hace muchos años en la lucha por convertirse en el idioma de referencia mundial; y la culpa es en gran parte nuestra. Lejos de ser ególatras, nos hemos menospreciado sin piedad, dando superior valor a lo ajeno y más excelencia a palabras que muchos desconocemos.
A veces, no sabes si paseas por Madrid o estás de tiendas en Londres, por no hablar de los anuncios de televisión.
¿Porqué somos tan estúpidos? No tengo mucha confianza en que esto cambie, así que viviré con ello, aunque a título personal, siempre intento no usar anglicismos en mis frases y evitar comercios y artículos que no estén plenamente en español (cosa harto difícil).
Es mi granito de arena en defensa de mi cultura.
El viajante, disfruta una vez más de su nuevo hallazgo: se relaciona con las afables gentes del lugar a pesar de su distinta lengua; apacigua su hambre con los sabrosos nutrientes autóctonos; descubre el arte que encierra sus museos; la bella arquitectura de sus edificios históricos; las costumbres más arraigadas… Y como en tantos otros espléndidos sitios que visitó con anterioridad, hace amigos y continúa in crescendo su espíritu e intelecto de cultura y sabiduría.