Monday, April 9, 2007

Al final de la vida…

 

   Nacemos con el corazón encogido y llorando amargamente como si no quisiéramos ver la brillante luz del Sol, como si pensáramos que venimos a un mundo colmado de dolor y penas.

   La vida abre sus brazos mostrándonos su enorme esplendor, sin tapujos. Nos acoge sin preguntas, sin porqués… pero no somos capaces de verlo, de comprenderlo; crecemos sin superar ese incipiente temor, nos envuelve esa perenne turbación cuando nos quedamos solos, en la tenebrosa oscuridad, ante la falta de nuestros protectores padres, cuando nos perdemos en el conocido parque donde siempre jugamos y que sin embargo, al no ver a ese rostro que nos ampara, parece como un inmenso e infranqueable laberinto verde sin salida posible y que, como en tantas otras ocasiones, nos infunde esa desagradable desconfianza angustiosa que acelera el ritmo de nuestro normal palpitar.

   Vivimos en un sin vivir. Crecemos, nos reproducimos… y sin olvidar ni arrinconar viejos recelos, otros nuevos desasosiegos inundan nuestra ya castigada subsistencia. Y seguimos sufriendo.

   Pocos son los momentos de felicidad cuando ya avanza el implacable devenir del tiempo, y cuando más madura se hace nuestra conciencia; cuando apreciamos de verdad las grandes y las pequeñas maravillas de nuestro exiguo existir. 

   Y es que vivimos en un sin vivir y aún así… no queremos la llegada de la fría y despiadada muerte; la intentamos eludir, embaucar con fútiles engañifas vanas pero, en último término perdemos una batalla que el ser humano aún no puede ganar, y sucumbimos a nuestro, no siempre, cruel destino.

   El final, es la muerte, la consumación de la vida; no hay nada después, nada más allá, y cuanto antes se asuma, más fácil será vivir, apreciarla y disfrutarla.

 

Posted by Reyber at 11:21:33
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