Lunes 18 de Junio de 2007

No saber qué decir

 

No saber qué decir.

Ante un papel en blanco o ante la pantalla de un ordenador, todo aparece vacío. Las palabras fluyen caóticas en tu mente. Forman frases sin sentido aparente.

No saber qué decir.

Tantos temas de que hablar..., tantos argumentos que esgrimir... y sin embargo, sólo el silencio domina tu entorno. Sólo la pesada losa invisible de la imaginación dormida, sujeta inmóvil tu mano. Y no parece querer rendirse, lucha sin descanso allí donde tus fuerzas anidan.

No saber qué decir.

O quizás, es que no quieres... Tal vez es todo lo contrario. Demasiadas inquietudes chocan virulentas obstruyendo la única salida posible. Demasiados acontecimientos se asfixian constreñidos en un atestado rincón de la memoria...

¿No saber qué decir?

Aún no se ha dicho casi nada. Apenas hemos alzado la voz en alguna ocasión. ¿Acaso no amanece a diario? La vida fluye inevitable, imparable... Incluso el propio mutismo de un papel en blanco, está diciendo mucho, si eres capaz de escucharlo.

El silencio, a veces, es la mayor de las sabidurías. Hasta los mejores charlatanes y comunicadores, si hablan demasiado, terminan refiriendo tonterías.

¿No saber qué decir?

 

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Lunes 04 de Junio de 2007

Dispares actitudes

 

   Cuando todo lo envuelve la oscuridad, se adormecen muchos anhelos. Una lucha interna invade la existencia del ser para mimetizarse con el entorno o bien, para repudiarlo. Infinidad de respuestas surgen para dar claridad y dirigir los indecisos pasos hacia otra parte en unos casos, o para permanecer quietos e inmóviles en otros. Son tantas las oportunidades y tantos los riesgos...

   Como en toda lucha, hay vencedores y vencidos; hay quién sabiendo que debe pelear, no lo hace, y quién sin saber nada, pierde la batalla sin adivinar ni tan siquiera que estaba en medio de un inevitable y estruendoso conflicto. Y también está el que lucha sin cesar para morir matando.

   La vida no deja de brindar enormes y pequeños acontecimientos. La existencia de claros y oscuros a veces inhibe el raciocinio más capaz; confundiendo tonos, colores, felicidad, desdicha...

   No, ya no sorprenden las disparejas actitudes y reacciones ante un mismo hecho. Somos como un todo inexplicable y caótico regido por leyes que no obedecen a un patrón; no existe fórmula empírica o matemática... Y no hay conciencia de ello; seguimos en un maquinal abismo de contradicciones.

   "La oscuridad nos envuelve a todos, pero mientras el sabio tropieza contra una pared, el ignorante está tranquilo en el centro de la estancia"  Anatole France (1844-1924) Novelista francés

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Viernes 04 de May de 2007

¿Dignidad perdida?

  

  Cuando era "más" pequeño tenía unos enormes problemas y disputas, los que teníamos todos: que si mi grillo es más grande que el tuyo; que si el vecino del quinto tiene una pelota de reglamento; que si tu bici no frena de adelante y la mía sí... Llegábamos hasta a las manos en ocasiones (yo en dos que recuerde); y nuestra lucha era la más digna y valerosa del mundo (estaba en juego el honor de mi grillo).

   Esa impetuosa forma de defender tus cosas, de vivir la vida... no creo que se pierda con el ineludible paso de los años, pero sí es posible que se atenúe, o que sea más reflexiva, meditada... con más sentido común. Lógico, por otra parte.

   Ahora, con algo más de pellejo y barriga, y gracias a que eres más razonable y menos vehemente, sabes evitar la disputa, dar otros valores y medidas... pensar, tal vez en demasía, en los efectos colaterales de tus decisiones, actos o actitudes, y así, callar ante la injusticia de tu jefe, ante el fresco que se cuela delante de ti después de largo rato en una interminable cola, ante el que te cobra de más en un velador atestado...

   Sí, de vez en cuando, me gustaría volver a esa infancia donde no tenía más responsabilidad que salvaguardar mi honor (y el de mi grillo).

   Y puede que lo haga, sí, de vez en cuando.

 

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Lunes 09 de Avril de 2007

Al final de la vida…

 

   Nacemos con el corazón encogido y llorando amargamente como si no quisiéramos ver la brillante luz del Sol, como si pensáramos que venimos a un mundo colmado de dolor y penas.

   La vida abre sus brazos mostrándonos su enorme esplendor, sin tapujos. Nos acoge sin preguntas, sin porqués... pero no somos capaces de verlo, de comprenderlo; crecemos sin superar ese incipiente temor, nos envuelve esa perenne turbación cuando nos quedamos solos, en la tenebrosa oscuridad, ante la falta de nuestros protectores padres, cuando nos perdemos en el conocido parque donde siempre jugamos y que sin embargo, al no ver a ese rostro que nos ampara, parece como un inmenso e infranqueable laberinto verde sin salida posible y que, como en tantas otras ocasiones, nos infunde esa desagradable desconfianza angustiosa que acelera el ritmo de nuestro normal palpitar.

   Vivimos en un sin vivir. Crecemos, nos reproducimos... y sin olvidar ni arrinconar viejos recelos, otros nuevos desasosiegos inundan nuestra ya castigada subsistencia. Y seguimos sufriendo.

   Pocos son los momentos de felicidad cuando ya avanza el implacable devenir del tiempo, y cuando más madura se hace nuestra conciencia; cuando apreciamos de verdad las grandes y las pequeñas maravillas de nuestro exiguo existir. 

   Y es que vivimos en un sin vivir y aún así... no queremos la llegada de la fría y despiadada muerte; la intentamos eludir, embaucar con fútiles engañifas vanas pero, en último término perdemos una batalla que el ser humano aún no puede ganar, y sucumbimos a nuestro, no siempre, cruel destino.

   El final, es la muerte, la consumación de la vida; no hay nada después, nada más allá, y cuanto antes se asuma, más fácil será vivir, apreciarla y disfrutarla.

 

Posted by Reyber at 12:21:33 | Permanent Link | Comments (0) |

Jueves 29 de Marzo de 2007

La única raza humana

 

   Todos hemos visto las típicas películas de ciencia ficción, que nos muestran generalmente un oscuro y ofuscado futuro, con guerras interestelares, guerreros de todos los colores y formas, extraños mutantes deformes, tripulaciones humanas (seres del planeta Tierra) donde el Comandante es blanco, el Capitán negro, el piloto chino... Pero mira por donde, yo creo que esa coincidencia de todos los visionarios cinematográficos y literatos del género, no es nada acertada.

   Bajo mi punto de vista, lo razonable y lo que vemos en nuestra más reciente evolución, es todo lo contrario a una ensalada de razas. Científicamente (evidente para los que estamos libres de toda creencia religiosa), la vida evolucionó ramificándose hacia todas las formas conocidas y por conocer, desde el organismo más primitivo y simple, hasta los complejos sistemas multicelulares que forman organismos como nuestro extraordinario cuerpo, por ejemplo. Pero una vez que nuestra línea evolutiva empezó a alcanzar grandes cotas de comunicación y desarrollo, comenzó a producirse de forma masiva lo que conocemos hoy como mestizaje; actualmente, un hecho evidente de la mezcla de razas y la pérdida de identidades y rasgos diferenciales. Y en este proceso continuamos, sin visos de detenerse; conforme nuestro conocimiento siga creciendo, mayor será este fenómeno natural y previsible, hasta el punto (y podemos hablar de miles o millones de años para hacer más fácil su comprensión) de que todos seamos altos y rubios, o bajos y morenos.

Lograremos un futuro mejor   Las distintas razas, como las conocemos en la actualidad, se entrelazarán genéticamente para culminar la evolución humana en su grado máximo. Individuos tan similares entre ellos, o más, como hoy en día lo son las gentes de una determinada zona geográfica. No habrá norte y sur, ni delimitaciones fronterizas. Una persona que viva en Sevilla, podrá trabajar en Sydney y disfrutar todas las noches de un merecido descanso en el confortable lecho de su hogar. Las relaciones interraciales serán absolutas y tan generalizadas, que se desarrollará una única raza: la raza humana. Y con ella, no sólo se moldeará unificado el aspecto físico, también el carácter de la gente será parecido en todo el globo porque, aparte de compartir la genética, no se vivirá aislado en zonas concretas; una familia podría desayunar en París, comer en Los Ángeles y cenar en Buenos Aires gracias al transporte instantáneo (aún por inventar, lógicamente) con lo cual, no afectarían las diferentes climatologías del planeta en la forma de ser de las personas.

   Cabe la posibilidad, muy probable por otra parte, de que a pesar de este inevitable mestizaje, y teniendo en cuenta que el humano además de social es individuo, que logremos ser diferentes después de todo. ¿Cómo sería posible? La evolución científica sería tan avanzada que podríamos elegir a la carta a nuestros hijos e incluso a nosotros mismos, decidiendo qué color de ojos queremos, cabello, estatura, complexión...

   En cualquier caso, no existirían desigualdades de tipo social o económico y no existirían las fronteras; tendríamos la misma cultura, riqueza... y esto nos llevaría a ser verdaderamente libres y espero que felices. Serán unos tiempos donde películas como Buscar al soldado Ryan o El desembarco de Normandía, serán auténticas obras de ciencia ficción.

 

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Martes 13 de Febrero de 2007

Te quiero

 

   ¿Resulta empalagosa la reiteración de un te quiero? Tal vez sí, pero no por ello deja de ser gratificante. Hay miles de formas de expresarlo y sin embargo, como decir te quiero, no hay nada comparable. Cuántos bellos poemas escritos nos trasladan a otra dimensión... Sí, es hermoso decir te quiero, es hermoso cuando se siente, cuando se vive, cuando se comparte. Es como un sustento que te da vigor, te ayuda a levantarte tras cada amanecer y hace soportar mejor la lucha..., te hace ganar y te insufla valor.

   Vives con ello casi sin apreciarlo, sabes que está ahí, que no te abandona... y te sientes reconfortado, protegido..., amparado. Y no hablo de amor pasional o del primero, que es también maravilloso, pero pasajero, hablo de amor sincero..., el que persevera toda una vida, el verdadero.

   Y digo te quiero, te quiero y te quiero, no por ser catorce de febrero; que te lo diré hoy, mañana..., y nada a cambio espero.

 

Posted by Reyber at 18:55:58 | Permanent Link | Comments (0) |

Jueves 08 de Febrero de 2007

Volveré a levantarme

 

   Cuántas noches de sempiterna soledad. Tengo frío si me desarropo, y me hierve la sangre con sólo cubrir mi cuerpo con esa ligera sábana blanca de un antiguo ajuar. No es fácil conciliar el sueño en sitio extraño, aún cansado y sin nadie a quien poder hablar. Mil pensamientos invaden mi mente, casi los puedo contar; unos claros como las primeras horas de la mañana y otros grises como vivencias que me empeño en olvidar y, ¿para qué? Volverá a rayar el alba sin remedio y afortunadamente. Descansado o no, me tendré que levantar de nuevo, como cada día, y veré la vida acontecer; participando de ella, a veces, llevado por el azar; otras (no tantas) mediante sabia y meditada decisión, pero siempre involucrado.

   Sólo espero no errar en el empeño ni caer en el desánimo, porque mi vida ya no es mía; porque tengo y debo tener destino, luchar por ello, por la felicidad…

   Seguiré levantándome cada nuevo amanecer, y exhortado a que mis pensamientos sean más claros y menos grises. Conllevar mis momentos de clausura para aprender a disfrutar mis instantes de séquito.

 

Posted by Reyber at 02:41:05 | Permanent Link | Comments (0) |

Domingo 28 de Enero de 2007

El felicino: La medida de la felicidad

 

   Se dice que las gentes con más retraso cultural (menor conocimiento de las cosas), suelen ser las que disfrutan de un mayor nivel de eso que llamamos "felicidad". Y es posible que así sea; cuando crees que lo que tienes es prácticamente todo lo que puedes poseer, no ambicionas otras pertenencias o actividades y, la falta de dicha ambición, favorece la plena aceptación de tu entorno y las circunstancias que rodean tu existencia. ¿Es posible que una familia de una tribu amazónica, sea más feliz que otra europea?

   Nosotros estamos a la última en avances técnicos y tenológicos de todo tipo y tenemos magnos recursos para hacer llegar la Cultura a todos nuestros rincones de población. Obligados a mantener un estresante ritmo de vida para lograr, no lo necesario para vivir con dignidad y suficiencia, sino para irnos de vacaciones a ese exótico país que tanto nos gusta, para disfrutar de la última gran producción de nuestro actor preferido en el recién y flamante adquirido cine en casa, o para tener el más completo y guapo móvil multimedia del mercado. Nosotros sí tenemos ambiciones más allá de nuestras necesidades y ¿eso nos hace menos felices?

   ¿Cómo se puede medir la felicidad? Se miden las distancias, los volúmenes, pesos, densidades, últimamente se miden hasta las mentiras pero, la felicidad... Hay quien la mide por la cantidad de riqueza material, otros por la belleza moral o por la cantidad y calidad de familia y amistades; también están los que piensan que debe existir de todo un poco. El caso es que no hay una unidad de medida para esta materia ¿Tal vez habría que inventarla? ¿Qué os parece "felicino"? Podríamos establecer unos baremos de forma que a diferentes cuantías de "felicinos", se establecerían diferentes estadios de felicidad, por ejemplo: de 0 a 30 se es infeliz; de 31 a 60 se es moderadamente feliz; de 61 a 90 se es feliz; y desde 91 en adelante, se esta en la gloria. Para medir el "felicino" se instaurarían asimismo, unas normas como podrían ser: tantas unidades por volumen de pertenencias; otras tantas por falta de enfermedades o desgracias familiares sufridas, etc, etc.

   ¿Quién sabe? Si pudiéramos medir nuestra felicidad, igual seríamos felices simplemente alcanzando la medida de 72 fl ("felicinos"), porque así esta marcado en el baremo. Seguro que mucha gente así lo sentiría, y se estaría haciendo con ello un bien a la sociedad. Hay que tener en cuenta que nos movemos por la publicidad y por influencias externas que nos hacen perder los verdaderos valores de todo lo que nos rodea (Y sólo sobre esto, se podría escribir un libro).

   Personalmente, creo la felicidad es un estado de ánimo absolutamente subjetivo e inmedible, y que las personas equilibradas, lo saben; y por ello, disfrutan de cada momento que les brinda la vida, sin necesidad de haber estado a las puertas de la muerte para darse cuenta de la importancia de la existencia. Desgraciadamente, estamos muy lejos aún de que nuestra sociedad y nuestro mundo, avancen en este sentido y logren este equilibrio. Hasta ese lejano y esperado futuro, al igual que los efectos de la Religión para muchos, puede que no fuese mala idea crear el "felicino".

 

Posted by Reyber at 22:49:05 | Permanent Link | Comments (0) |