Jueves 26 de Avril de 2007

El fascinante mundo del cómic

 

   En mi primer poste, ya comentaba (con cierta tristeza interior por obligarme a escribir y terminar mi primer libro) que mis inquietudes son  múltiples y variadas. Que me cuesta una barbaridad concentrarme en una actividad y lograr acabarla, antes de empezar otra completamente distinta; y es que, me gustan tantas cosas...

   Una de ellas es, sin ninguna duda, los cómics. Cuando era más joven, los consumía con un devorador entusiasmo difícil de describir. Después de leer surtidos estilos y temáticas, me quedé prendado del mundo Marvel. Sí, el mundo de los superhéroes como Spiderman, los 4 Fantásticos, Thor, Dan Defensor, La Masa, el Hombre de Hierro, etc.

                                                            

   En España los empezó a editar, allá por los años 60, Ediciones Vértice (desaparecida en los 80) con unos fascinantes y misteriosos volúmenes de pequeño formato que me atraparon sin remedio, a pesar de que las ilustraciones eran en blanco y negro y la calidad de sus viñetas bastante mala (en ocasiones) porque sufrían retoques para ser encajadas en un tamaño que no era el original.

   En las portadas ponía "Historias Gráficas para adultos", como si fuese una advertencia a los menores, un "mírame pero no me toques"; esto ya era un poderoso reclamo para los chicos de nuestra edad, que buscábamos pícaramente lo prohibido, aunque en mi caso, no me influyó en demasía, porque fue un detalle en el que no me fijé de inicio.

   Todas las colecciones, en su primera serie, eran inmejorables. Todas te enganchaban y además, había otra curiosidad que los hacía enormemente deseados y buscados: las tiradas de cada ejemplar eran tan reducidas, que conseguir un número resultaba extremadamente complicado, toda una aventura. Funcionaba el boca a boca, de forma que iba a visitar en su hogar, incluso en diferentes pueblos, a personas que no conocía de nada, por el simple hecho que de llegó a mis oídos que tenía algunos ejemplares (cosa casi impensable hoy en día). Visitabas quioscos, mercadillos... Conseguir una colección era una proeza tal, que cruzaba los límites de tu entorno, llegando más allá de tus fronteras naturales (hasta donde podías llegar y volver en bici en un solo día). Cada número que rescatabas de algún lugar perdido, se convertía en un tesoro de incalculable valor.

   En la actualidad, leo menos cómics que antes y básicamente, releo los mismos que tengo en mi poder desde hace años, para mí son los mejores. Las nuevas ediciones, se han alejado en exceso de sus fantásticos orígenes, perdiendo la frescura y sencillez de antaño, hasta el punto de que no me atraen de igual manera (será la edad también).

  En cualquier caso, animo a todos a que descubráis vuestros mundos extraordinarios dentro de las páginas de un cómic.

 

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Jueves 15 de Marzo de 2007

El cuarto de las ratas

 

  "Aquél día no fue muy propicio para mí cuando me entregaron el último examen de Lengua.

   - ¡Muy mal, Jacinto! -profirió mi "simpático" maestro-. Hace tiempo que no veía algo tan desastroso. A este paso tendré que comunicarlo al Director para que hable con tus padres. Al próximo cate, vas al cuarto de las ratas.

   Sólo agaché la cabeza, sentado en mi viejo pupitre de madera oscura, deseando que hubiese más suspensos en la clase para que yo no fuese el centro de atención. Efectivamente, había al fondo, tras la pizarra, una tétrica puerta cerrada con llave, que jamás había visto abierta. En los recreos, mis amigos y yo, hablábamos de ella como si se tratase del mismísimo umbral al infierno, mientras me comía mi bocata de salchichón con severo riesgo de atragantarme. Pedro, el más espabilado del grupo, decía haber entrado en una ocasión, también por haber suspendido repetidamente; contaba su historia con los ojos desencajados y nos tenía a todos atemorizados.

   - Estuve en ese cuarto una media hora -decía-, no se veía nada, no hay ventanas, sólo podía tocar las paredes hasta...

   - ¡Hasta qué! -interrumpían los compañeros ante la intencionada pausa que le imprimía Pedro a sus frases.

   - Hasta que toqué algo peludo y gordo, muy gordo. Grité y grité. Conseguí que me abrieran la puerta y salí de allí llorando. Yo creo que era una rata enorme; qué miedo.

   - Vaya, pues sí que tenemos que estudiar y aprobar -apostilló otro amigo-. ¿Te imaginas que esa rata tenga la rabia?

   - Sí, y si nos escupe, nos quedamos calvos también -dijo otro impetuosamente."

 

   La verdad es que en ocasiones, cuando eres niño, se pasan verdaderos malos ratos. Eran otros tiempos; hoy en día a ningún profesor se le ocurriría meter a un alumno en el cuarto de las ratas (si se enterasen los padres...). Es otra historia más, de tantas que hemos vivido, que alimentan nuestros miedos a lo desconocido, a la oscuridad... Aunque crezcamos y nos hagamos maduros, seguimos mirando atrás aún sabiendo que no hay nadie, nos cuesta entrar en la cocina a oscuras (sobre todo si acabamos de ver "El exorcista"), y es que llevamos el miedo dentro de nosotros, aparte de razones instintivas, ancestrales, genéticas o cerebrales, forma parte de la sensación de estar vivo y somos muchos los que incluso lo buscamos, en ocasiones inconscientemente, como forma de diversión o excitación.

   En cualquier caso, que nuestros miedos sean siempre controlados y que no los tengamos que sufrir por males propios o de terceros.

 

 

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Miércoles 07 de Marzo de 2007

Mis películas de Ciencia Ficción

 

  "Se encontraron un día en el cine, después de varios años sin verse. Eran amigos de la infancia y habían compartido un sin fin de aficiones y aventuras.

   - ¡Hombre, gordo! -exclamó Miguel esbozando una amplia sonrisa-. ¿Cómo estas, tío?

   - ¡Miguel! ¡Cuánto tiempo! -replicó Juan gratamente sorprendido y abriendo los brazos para darle un arrumaco- Oye, lo de gordo sobra; hace mucho tiempo que perdí unos kilitos, ¿o no me ves?

   - Bueno, es la costumbre. La verdad es que tienes una figura estupenda -dijo mirándole de arriba a abajo-. Yo sin embargo, he puesto algo de peso. Hemos cambiado las tornas, ja, ja.

   - No es para tanto, Miguel. Y bien, ¿qué haces por aquí?

   - He venido con mi familia para ver una "peli" infantil. Ya sabes, ahora nuestros gustos están en segundo plano.

   - Yo vengo a lo mismo -respondió Juan con cierta resignación-. A nuestros hijos no les falta ya de nada. No sé si sabrán valorar las cosas como nosotros las hemos valorado. ¿Te acuerdas de nuestras "pelis" favoritas y cuando yo iba a tu casa a verlas en la tele y nos poníamos ciegos de pipas? ¿Y cuando pasábamos las tardes haciendo dibujos de los monstruos, platillos y robots en paisajes extraterrestres raros? Eran estupendas. Nos gustaban mucho las de ciencia ficción. A mi, me siguen encantando. Tengo varias en video.

   - Es cierto -apuntilló Miguel con la expresión de un chiquillo el día de Reyes Magos-. Cómo disfrutábamos con La guerra de los Mundos, Ultimátum a la Tierra, El Increíble Hombre Menguante, Planeta Prohibido... Ya no se hacen películas así.

   - Hay algunas modernas que están muy bien -dijo Juan-. Tienes que reconocer que son incluso mejores que las clásicas; mira por ejemplo Matrix. De todas formas, es indudable que aquellas historias en blanco y negro tenían algo. Yo también tengo varias de ellas en video y dvd; otras no las encuentro en el mercado y sin embargo, no tengo ninguna de las nuevas, salvo que me la hayan regalado."

 

Ultimátum a la Tierra (1951)

   Estos dos amigos perdieron la noción del tiempo hablando sin tregua entusiasmados, hasta que sus olvidadas esposas los avisaron de que llegaban tarde y los bajaron de las nubes. Hubiesen estado horas recordando anécdotas y puede que hasta terminaran dibujando a aquel recordado bicho que sólo existe en su imaginación y al que ambos dieron forma (en ocasiones, en las películas clásicas estabas todo el rato en suspense, para terminar no viendo al monstruo en ningún momento).

   Pero eran inigualables, fantásticas, frescas, te hacían soñar como ninguna otra lo ha conseguido posteriormente. Tal vez sea, porque éramos más jóvenes y veíamos las cosas de otro modo, porque sabíamos menos de las cosas y todo era más intrigante, porque sentíamos de otro modo, porque no había tanto de todo como ahora y estabas menos saturado...

   Sea como fuere, esas películas permanecerán felizmente grabadas en mi recuerdo.

 

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Domingo 07 de Enero de 2007

Añoranzas

 

"  Son ya cerca de las ocho de una nueva y fresca mañana de otoño, y el pequeño Juan se esta acabando su desayuno.

   - ¡Venga! ¡Ve terminando que es la hora de irse! -exclamó su madre Sofía atareada con los avíos de salir a la calle.

   - ¡Sí, Mamá! -respondió el pequeño Juan levantándose de su silla con el cacao a medio terminar y colgándose a la espalda su pesada mochila del cole.

   No era más que un crío; con sus ocho años apenas empezaba a vivir y sus experiencias más audaces giraban en torno a los compañeros de clase. Sus andanzas en los recreos eran épicas: sota, caballo y Rey, al cielo voy; las canicas; las estampitas; el escondite... y lo más excitante, las prendas. En ocasiones, en una de las paredes desconchadas del patio, donde quedaban a la vista los ladrillos y sus llagas, Juan, empleaba su precioso tiempo en raspar sin descanso un trozo de azulejo, hasta conseguir la forma de un corazón que, con un valor desmesurado, se atrevía a entregar a su amada de la fila segunda de su clase.

   - Esto... ¿Qué has hecho hoy? -preguntaba Juan con sus manos escondidas disimuladamente tras de sí, a Lidia, la chica de la segunda fila-. No te he visto afuera.

   - Me he quedado en clase con las amigas -dijo Lidia mostrando cierta indiferencia-. ¿Porqué lo preguntas?

   - Bueno... es que... He hecho esto para ti -le mostró el corazón de azulejo sobre la palma de su mano extendida.

   Ella lo cogió casi por instinto, besó en la mejilla al sorprendido Juan y desapareció de repente como un fogonazo. Él sólo volvió a cruzar algunas palabras con Lidia un par de veces en todo el curso pero, de alguna manera, aquellas pequeñas escaramuzas habían significado un noviazgo en toda regla que no olvidaría jamás.

   Los años fueron pasando y Juan se desplazaba solo al colegio, dejó de acompañarlo su madre; a veces iba con algunos amigos del barrio pasando por la calle de la tienda de revistas donde compraba sus cómics de superhéroes.

   - ¡Eh, Juan! ¡Vámonos de una vez o no llegamos!

   - ¡Adelantaos vosotros! ¡Voy a ver si ha llegado el número nuevo! - dijo entrando en la tienda ilusionado.

   Vio el último ejemplar de su colección y lo compró de inmediato (Ese día se quedó sin merienda para el recreo). Era imposible que alguien pudiese arrebatárselo. Ensimismado, empezó a ojearlo y sin poder contenerse más, decidió andar hasta las antiguas murallas. Allí, sentado sobre el frío y polvoriento albero y apoyado en una no menos fría roca del muro, comenzó a leer las apasionantes aventuras de su héroe favorito bajo un sol luminoso y agradable que invitaba al sosiego y a la contemplación del paisaje. Perdía por completo la noción del tiempo, le ocurrió en más de una ocasión y, pasada la hora de entrar al cole, se dedicaba a callejear y después, a casa, la comida, su programa de la tele y a la calle de nuevo para jugar con los amigos a hacer de Bruce Lee entre los olivos, varios bloques hacia el sur."

 

   Aquél niño es ya un hombre felizmente casado y con responsabilidades más allá de no llegar tarde a casa, completar la colección de cromos o tener lo deberes hechos. Sin embargo, sigue disfrutando de aquellas vivencias, del recuerdo de lo pasado, de los olores a papel tintado de sus cómics, de la vieja pared desconchada, de la vieja muralla... Y le gusta pasear por aquellas angostas calles y aunque la tienda de revistas sea ahora un local abandonado, parece seguir allí el simpático tendero con su radio a todo volumen escuchando el Carrusel Deportivo.

   Los recuerdos son parte de nuestra vida, toda nuestra vida pasada, y es hermoso recordarla para sentirse bien y para seguir aprendiendo, sin dejar de vivir el presente y mirando siempre hacia el futuro.

   Si no olvidamos nuestras raíces y somos capaces de disfrutar de ellas, más alta, fuerte y frondosa será la copa de nuestro árbol.

 

Posted by Reyber at 23:52:28 | Permanent Link | Comments (0) |