Miércoles 24 de Enero de 2007

Cargar con el muerto

 

   "- ¡Una jarra de vino por aquí, posadero! -gritó el rudo recaudador del pueblo, consiguiendo alzar su bronca voz por encima del ensordecedor murmullo de la muchedumbre que abarrotaba cada rincón de la humilde posada-. ¡Y rápido que ya es tarde!

   No tardó en ser servido. "Invita la casa, caballero" dijo el propietario del local, intentando agradar a su huésped en aras de evitar pagar más impuestos de los ya soportados.

   - ¡Gracias, posadero! Por cierto, ¿ha pagado usted el impuesto de este mes?

   - Sí, señor. Vino vuesa merced la semana pasada; tengo recibo que amablemente me dejó en prenda -respondió temeroso el posadero.

   - ¡Ah! ¡Esta bien! ¡Márchese! ¡Volveré, Dios mediante, en tres semanas! -apuntilló el recaudador y, alzando su pesada jarra de barro cocido, volcó el contenido en su maloliente boca con brusquedad, derramando en gran parte el preciado líquido carmesí por sus mejillas a medio afeitar. Seguidamente, se levantó y se marchó de allí echándose su pesado saco recaudatorio a la espalda.

   Un par de hombres con descuidadas vestimentas, se le quedaron mirando.

   - Ese hombre es un recaudador de impuestos -murmuró intrigante uno de ellos a su acompañante-. ¿Piensas lo mismo que yo?

   - Estoy contigo.

   Ambos salieron sin demora, tras los pasos del confiado recaudador, que emprendió la marcha en su angosto carro de madera tirado por un viejo percherón. Había caído la noche y las calles estaban desiertas. Ambos individuos lograron subir a la trasera del carro sin ser vistos y justo a las afueras del pueblo, lo abordaron por la espalda hiriéndole de muerte en el cuello con una navaja; lo tiraron al camino sin piedad ni miramientos y se hicieron con las riendas obligando al sufrido animal a acelerar su marcha, desapareciendo de la escena con rapidez.

   Días más tarde, un pastor encontró el cadáver del pobre hombre y denunció el hecho a un amigo suyo de la Casa Consistorial. Este a su vez habló con el Alcalde.

  - Mi señor -dijo entrando en su despacho-. Han encontrado a un hombre muerto en nuestro pueblo, hacia el sur. Todavía esta allí. ¿Avisamos a la guardia para proceder a su sepelio?

   - ¡No! -exclamó el Alcalde levantándose con ímpetu de su asiento-. No podemos darle cristiana sepultura en nuestro pueblo, sin saber quién ha sido el vil criminal y sin estar apresado. Existe una grave multa para el pueblo que así lo hiciere. Debemos recogerle, esconderle hasta el anochecer y trasladarlo a nuestro pueblo vecino, así ellos cargarán con el agravio; que nuestras arcas no están para gastos mayores.

   Y en este modo se hizo. A altas horas de la noche, responsables municipales cargaron con el muerto y lo trasladaron a tierras fuera de sus dominios, dejándolo discretamente en terreno ajeno y saliendo por patas antes de que nadie pudiera verlos."

 

   En tiempos medievales, cuando en la jurisdicción de una localidad era hallado el cuerpo de una persona fallecida con indicios de haber sido asesinado, si no era posible determinar la identidad del homicida, el pueblo donde había sido descubierto el cadáver, estaba obligado a pagar una multa llamada homicidium u omecillo.

   Por ello, y con el fin de eludir dicha sanción, los habitantes del pueblo en cuestión, se apresuraban de común acuerdo a levantar el cuerpo y trasladarlo a otra localidad cercana, de manera que la responsabilidad del crimen recayera sobre esta.

   Con el tiempo, el dicho "cargar con el muerto" comenzó a aplicarse -en sentido figurado- con la pretensión de descargar sobre otro la culpa propia.

 

Posted by Reyber at 22:46:23 | Permanent Link | Comments (0) |